El Destino del Errante (Micro Guión)

MUJER (30) lee cómoda en un sofá, y lleva cicatrices en sus muñecas.

Tocan a la puerta al poco tiempo.

MUJER se levanta extrañada, y se acerca cautelosa a la puerta.

MUJER

¿Quién es?

HOMBRE(30)

(Tapado con bufanda, y ropa invernal. Y un bastón.)

Un hombre que ha hecho un largo viaje como para poder seguir sin descansar y comer algo.

MUJER

Un muy largo viaje ha de ser, ya que esta casa está a muchos kilómetros de cualquier zona urbana.

HOMBRE

No podrá imaginar usted qué tan largo ha sido, hasta que se lo pueda contar, si tiene a bien de abrirme la puerta.

MUJER

Muy bien caballero, hágase a un lado. Esta puerta se abre hacia afuera.

HOMBRE se aparta un poco. MUJER abre la puerta.

MUJER

Bien, pase caballero.

(Preocupada)

Tiene usted muy mal aspecto ¿Se encuentra bien?

HOMBRE

(Parece cogear)

He andado mucho, mi buena anfitriona.

MUJER

Tiene toda la pinta, señor.

HOMBRE

(Con sorna)

Espero no parecerle demasiado viejo, joven, sólo tengo 30 años.

MUJER

(Sonríe levemente)

No crea, señor. Tan solo necesita asearse y acicalarse un poco, nada más.

HOMBRE

(Decepcionado con el mundo)

Tiene usted buenos modales, tiempo ha de que los busco en la humanidad actual… hace tiempo que están perdidos.

MUJER

(Decepcionada con el mundo)

Qué me va usted a contar…

(La mujer vuelve en sí)

Deme un segundo caballero, siéntese aquí (señala un sofá). Iré a prepararle una infusión.

HOMBRE se sienta donde dice la mujer.

A los pocos segundos ella vuelve, mientras el microondas calienta el agua de la infusión.

MUJER

¿Entonces usted vaga sin saber a donde va?

HOMBRE

No todos los que vagan están perdidos.

MUJER

¿Quiere contarme su destino entonces?

HOMBRE

Sí, salvar el suyo.

La mujer queda extrañada.

Suena el “ting” del microondas.

MUJER

¿El mío? Yo estoy muy bien, caballero. No necesito que nadie me salve.

HOMBRE

Las huellas de sus muñecas me cuentan la verdad.

MUJER

Cosas del pasado, señor. No tiene usted que meterse donde no le importa.

MUJER va en busca de la infusión.

HOMBRE

Comprendo su reacción.

MUJER (V.O.)

(Desde la cocina)

Entonces no se meta.

HOMBRE

Debo hacerlo.

MUJER

(MUJER va llegando al salón, y pone la infusión en la mesa)

¿Y eso por qué?

HOMBRE

Porque ese es mi propósito.

MUJER

No entiendo nada.

HOMBRE

Pronto lo entenderás.

La mujer está ahora temerosa, en pie.

HOMBRE

No temas. No sé cómo te lo vas a tomar pero, no temas.

MUJER

¿Quién eres? ¿Y qué quieres de mí?

HOMBRE

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.

MUJER

¿Qué? Yo soy muy feliz, caballero. Ahora márchese. Mi corazón está perfectamente.

HOMBRE

No hay felicidad o infelicidad en este mundo; sólo hay comparación de un estado con otro. Solo un hombre que ha sentido la máxima desesperación es capaz de sentir la máxima felicidad. Es necesario haber deseado morir para saber lo bueno que es vivir.

MUJER

(Se le abren los ojos como platos)

¿Carlos? ¿Eres Carlos Morales? ¿El poeta de clase en el instituto? ¿Ese al que le encantaba leer?

Él sonríe un poco.

CARLOS

Y me sigue entusiasmando, Mayte.

Se hace un pequeño silencio de 3-4 segundos.

Ella se lanza a sus brazos varios segundos.

Ella se quita, y pone cara de extrañada.

MAYTE

Pero…no entiendo. Más de diez años después, estás aquí…

CARLOS

Las webs de trabajo me ayudaron a encontrarte. Linkedin en concreto. Tardé bastante, es verdad. Vives apartada del mundo.

(Socarrón)

Pero menos mal que te has puesto a buscar trabajo.

MAYTE

(Tristeza leve)

Lo siento, Carlos. No soy muy fan de las redes y esas cosas. Y perdona si estoy tan fría pero, es que esto me tiene tan descolocada. Me parece de cuento. Aún no me lo creo.

CARLOS

Pues soy yo, Mayte. Pregunté por ti mucho donde vivíamos. Pero te habías mudado. Y tu familia nunca quiso saber de mí, como bien sabes. Por ellos nos ha pasado todo esto.

MAYTE

¿Te has seguido acordando de mí todos estos años?

CARLOS responde afirmando con la cabeza.

MAYTE

Esto es increíble, de verdad. Me alegra tanto que estés aquí. Aunque suene tan simple… (pega un suspiro)

MAYTE sale de su ensimismamiento para ir al cuello de CARLOS.

CARLOS la mira extrañado.

MAYTE

(Decepcionada de forma graciosa)

Ya no llevas el collar que te regalé. Ese del corazón.

CARLOS

(Sonríe)

Conservar algo que me ayude a recordarte seria admitir que te puedo olvidar.

MAYTE

(Se lanza a sus brazos otra vez, mientras se ríe un poco)

Eso es de Romeo y Julieta, gañán. Siempre te ha encantado leer, de eso no cabe duda.

CARLOS

Y así será siempre, mi Dulcinea del Toboso.

MAYTE

Carlos, yo también he pensado en ti todos estos años. Mis muñecas no te han mentido (se las enseña), mi vida ha sido horrorosa desde que te perdí.

CARLOS

Mayte…¿me aceptas en tu vida otra vez?

MAYTE

Y si nada nos libra de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.

CARLOS sonríe.

Ambos se besan.

FIN

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