Cuando el sol no brilla, la luna se apaga. (Carta Sentimental)

No voy a decir ahora, a toro pasado, que preferiría estar como estaba antes de conocerla. Porque si bien ahora estoy descaradamente peor que entonces, entonces no había sentido aún en mi vida el calor de un amor que para mí fue verdadero y celestial. Por lo que cualquier cosa del pasado que se le pareciera fue un mero simulacro descafeinado.

Ahora cumplo penitencia, destrozado en mi interior desde hace tiempo, exactamente desde un 18 de julio de 2018.

Pero ¿preferiría mi vida antes de ella? ¿o la de después? Sin ninguna duda, la de después. Pues a fuerza de no llevar muy bien la ruptura, pude vivir los mejores siete meses de mi vida. A su lado fui otro; feliz, dichoso, no necesitaba nada más de este mundo que esa mujer amándome y cuidándome, a mi lado, recibiendo y dando mimos y cariño por igual.

Mirarla, tocar su piel, acariciar su pelo entre mis dedos… Eso era para mí como si las puertas del Universo se me abrieran de par en par, y una bocanada de aire fresco como un iceberg mentolado me invadiera en el acto.

Mas el equilibrio en mi vida de normal siempre se ha cernido hacia la oscuridad, el ostracismo y la soledad. Y en esta historia, por desgracia para mí, no podía ser menos.

A su lado yo caminaba sobre las nubes, descalzo, recibiendo la pureza desde los pies hasta los pulmones con el aire de los cielos.

A su lado yo me atrevía a mirar al sol, y sonreírle con descaro. Sentirlo dentro de mí, simbolizando esa pasión que esa mujer me provocaba cada segundo, cada hora, cada día, cada mes durante los siete.

A su lado yo me atrevía a coger la luna llena de forma suave, aquella gran esfera que brillaba con luz intensa entre mis manos, poco a poco fue regalándome su suavidad y ternura.

Pero el sol no calienta para siempre, y mientras se alejaba de mi vista, aquella luna también perdía luminiscencia, y vida. Curiosamente, al unísono, mi corazón también se iba apagando, escuchándose de cuando en cuando los ‘resquebrajos’ leves de un cristal quebrado.

Para cuando el sol se hubo ocultado para siempre, y la luna perdía su sonrisa…mi corazón, ya más oscuro que un pantano olvidado en una selva, se terminó de romper en mil pedazos. Añicos, en trozos tan pequeños que parecen trigo molido por los antiguos pobladores de cualquier civilización.

Ahora solo puedo desear, y deseo, su más sincera felicidad. Que sus pasos la lleven por buenos senderos, sea con quien sea. Y que si por casualidad, por esas veredas de la vida ve trozos, o el polvo de mi corazón esparcido por algún lugar, que sepa…que siempre le ha pertenecido. Y entre eso, y la Fuerza del universo, le deseo lo mejor. Y a sabiendas de que lo nuestro es irremediable, ya por ambas partes; quiero que sepa que mi mano estará tendida por si le pasara algo grave. Gracias por lo vivido.

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